El conocido como Golden Circle (Círculo Dorado), es una de las rutas más recorridas por los turistas que visitan Islandia ya que está situado a unas dos horas de distancia de la capital.
Nosotras lo visitamos en nuestro regreso de Jökulsarlón, después de hacer noche en Selfoss, una pequeña pero importante localidad por la que pasa la carretera principal, camino de Reykjavík.
Pero antes hicimos otra parada. Muy cerca de Selfoss, se encuentra una localidad pesquera llamada Stokkseyri, con bonitas casas de madera pintadas de colores. Allí nos encontramos con una reconstrucción de las antiguas edificaciones de Islandia, pequeñas casas de piedra recubiertas de hierba por el techo, sin apenas aberturas para dejar pasar la luz. Lo que sirve para hacerse una idea de las durísimas condiciones de vida que tuvieron que soportar los primeros habitantes de la isla, sobre todo en los inviernos de frío y oscuridad.

En Stokkseyri se encuentra además un conocido restaurante llamado Vid Fjörubordid, en el que probamos la sopa de langosta. Deliciosa.
Volviendo al Golden Circle, las tres paradas imprescindibles que se deben hacer al recorrerlo son: Los Géisers (en Islandés Geysir) del valle de Haukadalur. La cascada de Gullfoss, la más grande de Europa, situada en el cañón del río Hvítá. Y por último, el Parque Nacional de Thingvellir (Pingvellir en Islandés).
La zona geotérmica del valle de Haukadalur, cuenta con varios géiseres que expulsan agua de manera intermitente. Es curioso ver como los turistas se agolpan frente a ellos, expectantes, con las cámaras de fotos a punto, para captar lo mejor posible en el segundo de su máximo esplendor, este fenómeno de la naturaleza.
A poca distancia de los géiseres, unos 20 minutos en coche, y muy bien señalizado, se encuentra la cascada más grande de Europa, Gullfoss.
Es inevitable sentirse insignificante al acercarse. Impresionantemente bella.
Nuestra última parada fue para el Parque Nacional de Pingvellir, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y situado en torno a un gran lago del que toma su nombre.
Es en este lugar, rico en formaciones geológicas, donde se creó el primer parlamento islandés en el siglo X.

Una hora en coche separa este enclave de Reykjavík a través de una ruta como siempre sorprendente, con la constante compañía de las ovejas en las inmediaciones de la carretera, entre praderas intensamente verdes y montañas que a lo lejos desprenden tonos oscuros y ocres.




