Situado en el extremo sur del glaciar Vatnajökull, entre el Parque Nacional Skaftafell y la ciudad de Höfn, se encuentra Jökulsarlón, el mayor lago glaciar de Islandia.

Para acceder a Jökulsarlón sólo es necesario recorrer una hora en coche desde el camping de Skaftafell, en dirección a Höfn, localidad que no llegamos a ver, pues el lago fue nuestra última parada del recorrido por el sur de Islandia.
Repleto de icebergs que flotan en sus aguas, Jökulsarlón es un lugar mágico, en el que el silencio sólo es roto de vez en cuando por el sonido de los bloques de hielo, que al romperse caen al agua para después deslizarse suavemente sobre ella.
La luz incide sobre las superficies heladas creando contrastes entre el azul, el blanco y el negro del paisaje. Sobran las palabras.
Este lago glaciar está situado a escasa distancia del mar y conectado con éste a través de un río por el que descienden los icebergs, los cuales, a no haber tenido tiempo de descongelarse, son depositados finalmente por las olas, en la playa.
Los icebergs reposan en una extensa playa de piedras negras, donde sus formas crean un singular paisaje, en el que hielo y fuego parecen compartir un mismo espacio.

Me hubiese quedado horas contemplando el lago, sus colores y escuchando en silencio el hielo y el agua descender hacia el mar. Pero nada dura eternamente así que tuvimos que partir de regreso, por la misma carretera que nos había traído, pero esta vez dirección Reykjavik.
Así es uno de los lugares más bellos que he visitado. En un país, Islandia, en el que el 99% de la energía utilizada es renovable. En el que se respira paz y tranquilidad por todos sus rincones. Un lugar en el que habitan elfos, duendes y trolls, que se convierten en piedra al recibir la luz del sol.
