A unos 90km de Oporto y situado en plena cuenca del río Corgo (afluente del Duero), las casas de Vila Real se distribuyen entre acantilados sorteando las pendientes y la vegetación que cubre sus valles.

La parte antigua de la ciudad está compuesta por estrechas y retorcidas calles, en torno a las cuales se han construido casas señoriales con sus balcones de piedra y sus muros de colores. Una de las iglesias más imponentes de la villa es la Capela Nova (ou Igreja dos Clérigos), una obra barroca cuya construcción se inició en 1639.
Algo que nos llamó la atención fue que apartir de las 6 de la tarde, apenas había gente por las calles, la ciudad se escondía trás los cristales iluminados de las viviendas. Además, por acercarse la Semana Santa, grandes telas de color morado cubrían el cielo de la ciudad.
En las inmediaciones de Vila Real se encuentra el Palacio Mateus o Casa Mateus, declarado Monumento Nacional, está situado a unos 4km de la ciudad. Este palacio rodeado de unos cuidados jardines de gran belleza es uno de los más hermosos ejemplares de la arquitectura aristocrática barroca en Portugal.

La entrada general que cuesta 9€ incluye la visita guiada en Portugués por las estancias-museo de este Palacio del siglo XVIII. Nosotros compramos esta entrada pese a no conocer muy bien el idioma y mereció la pena pues la guia hablaba bastante claro.
El precio de la entrada sencilla es de 7.5€ y solo permite el acceso a los idílicos jardines que rodean la villa. Fuentes, lagos, setos, árboles y flores de muy diversos tipos componen este marco en el que merece la pena perderse.
