Marrakech, una ciudad para los sentidos III

Desde hace siglos, las escuelas coránicas enseñan entre sus muros el Islam, y en Marrakech se encuentra una de las más bonitas: la Madraza de Ben Youssef. Está situada al otro lado del Zoco,  caminando hacia el norte desde la plaza de Yaama el Fna.

Madraza de Ben Youssef

La Madraza posee un gran patio central rodeado por un edificio que contiene cientos de habitaciones, en las que se alojaron en su tiempo hasta 900 estudiantes del Corán. Todos sus muros están bellamente decorados con versos del libro sagrado y motivos florales.

Madraza de Ben Youssef

El precio de acceso a la Madraza es de 50 dirhams, pero por 10 dirhams más puedes comprar una entrada que incluye además la visita  al Museo de Marrakech y a la Koubba Ba’Adyin.

El Museo de Marrakech está situado muy cerca de la Madraza. En él se expone la historia de la ciudad, desde armas y trajes hasta muestras de pintura actual. Aunque lo que hace característico a este museo, es estar situado dentro de un antiguo palacio que conserva aún toda su ornamentación y decoración con azulejos de colores.

Justo en frente del Museo está la Koubba Ba’Adyin, un edificio almorávide del siglo XII cuya finalidad era servir de letrinas a los habitantes de la ciudad. Es curioso de visitar.

Koubba Ba'Adyin

Al sur de la ciudad se encuentra el Palacio Real, que no se puede visitar y ocupa una enorme extensión de terreno. Tengo buen conocimiento de lo grande que es, porque sin saber muy bien el motivo acabamos perdidos, dando la vuelta a todo el recinto que está amurallado y protegido por guardias reales que no permiten acercarse o hacer una foto. Creedme que no es nada fácil de rodear.

Fue ahí cuando preguntamos a un guardia si nos podía indicar donde estábamos y se negó a darnos la explicación en francés, mientras me decía de malas maneras en ese idioma, que para estar allí deberíamos saber el árabe. Afortunadamente quedó como una anéctoda, ya que fue la única persona que nos trató de manera arisca.

rincones de Marrakech

También al sur, se encuentran dos lugares que merece la pena visitar. El Palacio de la Bahia y las Tumbas saadíes. Éste último es un conjunto de mausoleos de la dinastía saadí, que reinó en Marrakech entre 1524 y 1659. Es impresionante la decoración.

Tumbas saadíes

Para entrar, tendrás que pagar 10 dirhams en cada sitio, es decir 1€.

Por último, para terminar el viaje, fuimos a visitar el Jardín de la Menara y el Jardín Majorelle. Ambos se encuentran alejados de la Medina por lo que tuvimos que coger un taxi que nos trasladase hasta allí.

La Menara está entre un palmeral y presidiendo un enorme estanque de 200 por 150 metros. Se supone que desde allí se pueden contemplar unas preciosas vistas del Atlas (nevado la mayor parte del año). Pero yo no tuve esa suerte. La calima que cubrió el cielo todos los días hizo imposible esta visión.

Jardín de la Menara

Por su parte, el Majorelle es un jardín botánico situado en la parte nueva de Marrakech, compartiendo suelo con pequeñas mansiones y hoteles de lujo. Representa supongo la otra cara de Marrakech. Por allí solo estábamos turistas que habíamos acudido a ver el lugar, porque probablemente lo ponía en nuestras guías de viajes. El complejo fue concebido por el artista francés Jacques Majorelle. Hoy en día pertenece a Yves Saint Laurent y a Pierre Bergé.

Jardín Majorelle

Tres días fueron suficientes para visitar los lugares más importantes de la ciudad y pasear por otros no tan conocidos. Me volví sin embargo con una espinita clavada. Acercarse al Atlas, que no debe estar a más de dos horas de Marrakech, ver alguna kasbah y porqué no, adentrarse en el desierto. Otra vez será.

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